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Adiós con el corazón
(Lo que la emigración dejó en nosotros)

Y me invade el recuerdo de pequeños detalles que hicieron a mi
esencia: el silencio profundo de mi madre cuando ya no podía con la
nostalgia, las canciones de mi padre que, hoy veo, eran una
invitación para que ella lo acompañara y se alegrara, el profundo
sacrificio que se notaba aunque se esforzaran en disimularlo, esas
cosas que no hacía falta enseñar porque se inculcaban con el
ejemplo, el cuidar siempre el centavo, el sueño de tener la casa
propia, los zapatos marrones de la escuela, que acompañaron mi
adolescencia y que mi madre calentaba en una hornalla antes de salir
para el colegio; y la seguridad de saber que aunque había poco, para
libros siempre habría.
Qué no daría por sentarme a la mesa, un domingo al mediodía, en
casa de mi tía y compartir con mis tíos y mis primos aquella mesa
enorme en la que se reunía una familia de emigrantes que
sobrellevaba, casi alegremente, la nostalgia, el tiempo y la
distancia. Si pudiera oír nuevamente la voz de mi padre, sus
cuentos, sus anécdotas, sus historias de la guerra y esas
descripciones tan increíblemente perfectas de su tierra. No había
un solo día que él no me hablara de Galicia. Su tierra vivió en su
corazón hasta el último día de su vida.

Sigue golpeando el viento en los cristales…Llueve fuerte sobre
Buenos Aires y ganándole a la tarde, la noche ha comenzado su
reinado. Y este sentimiento de orfandad que me ha acompañado
siempre.
- “…Al despedirme de ti,
Al despedirme, me muero…”
(A todos los emigrantes por su noble legado)
Beatriz Carballo Regueira